Preparar oposiciones sin quemarse: el plan de dos años

Preparar oposiciones sin quemarse: el plan de dos años

Son las 22:40 de un martes de noviembre. Empezaste a las 16:30, después de comer y de una siesta que no querías echarte.

En la mesa del salón hay un archivador abierto por el tema 34, un rotulador amarillo y una taza que lleva fría desde las 19:00. Has leído el tema tres veces. Si te levantas ahora y lo cantas, sacas el epígrafe primero y luego niebla.

Y aun así vas a estar aquí hasta las doce, porque el grupo de Telegram de tu convocatoria lleva todo el día hablando de horas.

Esa es la trampa entera. En una oposición, las horas son la moneda con la que se presume y el peor indicador que existe de cómo vas.

La regla: tu jornada real es la que puedes repetir el jueves que viene

No la de hoy. No la del domingo en que te vino la inspiración. La que puedes repetir dentro de nueve días, con el mismo temario, el mismo salón y menos ganas.

Una oposición no se pierde en el examen. Se pierde en el mes cuatro, cuando alguien que llevaba tres semanas a diez horas diarias descubre que no puede hacer la cuarta y decide que entonces no vale para esto.

Todo lo que viene ahora está pensado para que llegues entero a la convocatoria, que es un objetivo mucho menos épico y bastante más difícil.

Las horas que se publican y las que se hacen

Vas a leer en cualquier foro que hacen falta ocho, diez o doce horas al día. Conviene saber de dónde salen esos números: de gente que aprobó, contándolo después.

Nadie recoge las horas de quien lo dejó en marzo, y nadie corrige por temario, por cuerpo, por si había trabajo de por medio o por si esa persona venía de la carrera terminada hace dos meses. No hay ningún dato bueno que relacione horas diarias con aprobar tu oposición concreta, y quien te dé una cifra exacta te la está inventando con mucha seguridad.

Lo que sí se sabe, y no de oposiciones sino de estudiar en general, es que las mismas horas repartidas en más días rinden más que amontonadas, y que releer engaña. Eso está contado con sus estudios y sus peros en el método de estudio, y se aplica igual al tema 34 que a un examen de la facultad.

Así que la pregunta buena no es cuántas horas. Es cuántas horas puedes repetir, y qué haces dentro de ellas.

Una jornada que aguanta veinte meses

Esto es una plantilla para quien oposita a tiempo completo. Ajusta las piezas, conserva la forma.

Franja Qué Cuánto
8:30 – 11:00 Tema nuevo. Lo más difícil del día, siempre aquí 2 bloques de 50, descanso de 10
11:00 – 11:30 Salir de casa. Literalmente a la calle 30 min
11:30 – 13:20 Tema nuevo, segunda parte, o esquema del tema de ayer 2 bloques de 50
14:00 – 16:00 Comer y parar. Sin temario en la mesa 2 h
16:00 – 17:40 Repaso de temas antiguos. Nunca temario nuevo 2 bloques de 45
17:40 – 18:20 Cantar un tema en voz alta, con cronómetro 40 min
18:20 en adelante Se acabó —

Cinco cosas de esa tabla importan más que las horas totales.

Lo difícil va por la mañana y el repaso por la tarde. No porque la mañana sea mágica, sino porque el temario nuevo es la tarea que peor tolera el cansancio, y a las 17:00 llevas ya un día encima.

Las dos horas de la comida son parte del plan. Comer a las 14:00 con el archivador delante no es estudiar cinco horas seguidas: es hacer dos horas malas y quedarte sin descanso.

Se termina a una hora fija. Un opositor sin hora de cierre trabaja hasta que se le acaba la vergüenza, que es un criterio distinto cada día.

Hay una tarde entera libre a la semana. Elígela el domingo anterior y escríbela. Un descanso decidido antes es un descanso; un descanso que te tomas porque no podías más es un fallo con otro nombre, y esa diferencia es toda la mecánica de mantener una racha viva.

El domingo es libre de verdad. Ni un repaso rápido de media hora. Media hora de temario un domingo cuesta el domingo entero: te lo pasas pensando que tienes que hacerla.

¿Cuántas horas debería hacer al día?

La que puedas repetir, y un mínimo que puedas cumplir en tu peor día.

Ponte dos números en lugar de uno. Una jornada objetivo —pongamos seis horas de estudio real— y un suelo de noventa minutos para los días en que se rompe la lavadora, viene tu madre o simplemente no puedes.

El suelo es el que sostiene la oposición. La jornada objetivo es la que la aprueba, pero solo mientras el suelo siga existiendo.

Temario nuevo y repaso no son la misma tarea

Es el error de reparto más caro de una oposición larga, y casi todo el mundo lo comete el primer año: dedicar el 90 % del tiempo a avanzar temario, con la idea de repasar «cuando lo tenga todo».

Cuando lo tienes todo, el tema 12 ya no existe. Lo cantaste en abril y estamos en enero.

Reparte por semanas, no por buenas intenciones:

  • Cuatro días de la semana, temario nuevo por la mañana y repaso por la tarde.
  • Un día entero de repaso, sin abrir un tema nuevo. El viernes va bien: llegas cansado y el repaso tolera el cansancio mejor.
  • Todo tema nuevo se repasa tres veces: al día siguiente, a la semana, y al mes. Tres cruces en el margen del archivador y a otra cosa.

Ese margen del archivador con tres cruces es el sistema de seguimiento entero. No necesitas una hoja de cálculo con colores. Si has pasado más de diez minutos esta semana montando el sistema, el sistema se ha convertido en la oposición.

Cantar el tema es el examen, lo demás es preparación

Un tema leído cuatro veces se sabe con una seguridad falsa. Un tema cantado de pie, en voz alta, con el cronómetro corriendo y sin mirar el esquema, se sabe o no se sabe, y lo averiguas en noventa segundos.

Cómo hacerlo, y es incómodo a propósito:

  1. De pie, en el pasillo si hace falta. Sentado se hace trampa mirando de reojo.
  2. Cronómetro a la vista, con el tiempo que te dé tu convocatoria.
  3. En voz alta y a velocidad de examen. Por dentro no vale: por dentro no te trabas.
  4. Cuando te quedes en blanco, no abras el tema. Anota el epígrafe y sigue.
  5. Al terminar, abre y mira solo lo que anotaste. Eso es tu repaso de mañana.

Un tema cantado al día, todos los días, es más oposición que tres horas más de lectura. Y es la primera cosa que se cae cuando vas con retraso, exactamente igual que el folio en blanco al final de una sesión de estudio.

Las señales de que te estás quemando

Ninguna aparece en el simulacro. Todas aparecen antes.

Cuentas horas en lugar de temas. Cuando el resumen del día es «hoy nueve horas» y no «hoy el 34 y el 35 cantados», la métrica ya se ha desplazado.

Has dejado de cantar y solo lees. Leer no confronta. Es lo que hace la cabeza cuando no quiere saber cómo va.

La hora fantasma. Estás sentado, el temario está abierto, pasa una hora y no ha entrado nada. Si esa hora aparece dos veces en la misma semana, el problema no es el temario: es el sueño, o el ánimo, o los ocho meses que llevas.

El domingo ha desaparecido. No de golpe. Primero fue media hora, luego una mañana.

Has empezado a discutir en el grupo de Telegram. El grupo tiene su función para las bases y la convocatoria en el BOE, y luego se convierte en un sitio donde compararse a las 23:00. Silenciarlo entre semana no le hace daño a nadie.

Cuando aparezcan dos de estas cinco, la respuesta no es apretar. Es bajar a la jornada suelo durante una semana entera y volver a subir después. Una semana al suelo cuesta una semana. Dejarlo cuesta la convocatoria.

Cuando este plan no sirve

Opositas y trabajas. Entonces esta tabla es ficción y lo honesto es decirlo: tu plan real son dos horas y media entre semana y un bloque largo el sábado, y con eso se aprueba, pero normalmente no en la primera convocatoria. Un plan de tres años que existe gana a un plan de uno que no vas a poder hacer.

Tienes preparador o academia. Entonces el ritmo lo marca otra persona y tu trabajo es llegar a la clase del jueves con el tema cantado, no rediseñar el calendario. Ajusta hacia atrás desde esa clase.

Estás en el mes anterior al examen. El plan de arriba deja de aplicarse. Ahí ya no se avanza temario, se hacen simulacros completos con su duración real y se repasa lo que salga mal, que es otro artículo y otra cabeza.

Llevas tres convocatorias y no descansas entre ellas. El cuerpo lleva su propia contabilidad. Un mes entero fuera, después del examen y antes de volver a empezar, no es tiempo perdido. Es lo que hace que exista una cuarta.

Y si lo que se te rompe no es el plan sino el arranque —te sientas y no consigues meterte—, eso es un problema de bloques y de primer minuto, y se arregla con bloques largos bien protegidos antes que con más horas encima de la mesa.


Fomodo lleva la cuenta de los minutos y guarda el mapa de calor, que en una oposición de dos años vale más que en cualquier otra cosa: es el único sitio donde se ve la diferencia entre un mal mes y haberlo dejado. El límite honesto es de escala. El objetivo es diario y se mide en minutos: no hay total semanal, no hay objetivo mensual y no hay ninguna cuenta atrás hasta tu convocatoria. La app mira un día cada vez, y una oposición no se mide así.

Lo que sí hace bien es la parte tonta. Cuando el mapa de calor de noviembre está entero y el de julio tenía tres huecos, la conversación contigo mismo cambia de tono, y esa conversación se tiene mucho a las 22:40.

Mañana a las 8:30, el tema 35. Y a las 18:20 se apaga la luz del salón, aunque quede epígrafe.

MT
Minh Trần

Escribe sobre la ciencia de la atención y el diseño de herramientas de concentración.

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