Selectividad: el último mes, y qué soltar sin miedo
Es el 14 de mayo y acabas de terminar un horario. Empieza a las 8:00, termina a las 23:30 y los descansos están pintados de otro color.
Ha quedado precioso. No lo vas a cumplir ni el martes.
Lo sabes mientras lo pintas, y lo pintas igual, porque un horario imposible es lo único que calma la sensación de que hay demasiado y queda poco.
El último mes no va de meter más. Va de decidir qué no vas a abrir, y de escribirlo para no volver a discutirlo cada noche.
La regla: en el último mes no se aprende, se recupera
Todo lo que no puedas sacar de la cabeza estando delante de un folio en blanco, no lo tienes. Da igual cuántas veces lo hayas leído en abril.
Y todo lo que no dé tiempo a llevar hasta ese punto hay que soltarlo a propósito, con nombre y apellidos, en una lista. Soltar sin escribirlo no es soltar: es acordarse de ello a las tres de la mañana.
Cuánto queda en juego de verdad
Antes de organizar nada, mira el reparto, porque cambia bastante el tono del mes.
La nota de acceso sale de dos piezas: un 60 % de tu media de bachillerato, que ya está escrita y no se toca, y un 40 % de la fase general de la EBAU —o EvAU, o PAU, según cómo la llame tu comunidad—. Encima de eso, la nota de admisión de cada grado puede sumar hasta cuatro puntos con las materias que ponderan, y ahí es donde conviene ser preciso: cada universidad publica sus ponderaciones y no todas coinciden. Mira las de tus dos o tres grados concretos, no las que te ha dicho alguien de clase.
Eso te da dos datos útiles en diez minutos. Cuánto puede moverse tu nota como máximo, y qué asignaturas la mueven de verdad para lo que tú quieres estudiar.
Casi siempre aparece la misma sorpresa: una asignatura que te está costando el sueño pondera 0,1 para tu grado, y otra que tienes medio abandonada pondera 0,2. El mes se reorganiza solo cuando ves ese par de números.
Y sí, existe la convocatoria extraordinaria unas semanas después. No es un plan, pero saber que existe evita convertir cuatro semanas en una amenaza de vida o muerte, y quien estudia amenazado estudia peor.
Las tres listas, y hazlas este fin de semana
Coge los exámenes de los últimos cuatro o cinco años de tu comunidad. Están publicados. Con ellos delante, para cada asignatura, monta tres columnas:
- Lista A: sale casi siempre y ya lo llevas bien. Repaso corto y frecuente. Es lo que te sube la nota, no lo que te la salva.
- Lista B: sale casi siempre y lo llevas mal. Aquí va el 70 % del mes. Se acabó la discusión.
- Lista C: sale poco y lo llevas mal. Se suelta. Escrito, con su nombre, y no se vuelve a abrir.
La lista C es la única parte incómoda y la que hace funcionar todo lo demás. Un mes tiene el tamaño que tiene, y si no eliges tú qué se queda fuera, lo va a elegir el cansancio del 3 de junio por ti y peor.
Repasa las tres listas una sola vez, el domingo de la segunda semana. Nada más. Si te encuentras retocándolas un miércoles, no estás organizando: estás evitando la lista B.
Cuatro semanas, con forma
| Semana | Mañana | Tarde | Noche |
|---|---|---|---|
| 1 | Pasada rápida por asignatura, montar las tres listas | Ejercicios de lista B | Folio en blanco: lo de la mañana |
| 2 | Lista B a fondo, dos bloques de 50 | Ejercicios y esquemas de lo de la mañana | Folio: mezclar dos asignaturas |
| 3 | Dos exámenes completos, cronometrados, en días distintos | Corregir con los criterios oficiales y anotar cada fallo | Solo los fallos de la mañana |
| 4 | Repaso de lista A y de los fallos de la semana 3 | Exámenes por partes, no enteros | Cerrar a las 21:30 |
Tres cosas de esa tabla no son negociables.
Los exámenes completos van en la semana 3, no en la última. Un examen entero es un diagnóstico, y un diagnóstico el 2 de junio solo sirve para asustarte: te dice qué llevas mal cuando ya no hay margen para arreglarlo.
Cada asignatura se toca al menos tres días distintos por semana. Repartido rinde más que amontonado, y el motivo, con sus estudios y sus límites, está en el método de estudio con temporizador.
La última semana baja de volumen a propósito. No es premio, es estrategia: llegar descansado vale más puntos que una cuarta pasada de la lista C, que además ya habías soltado.
Los exámenes de otros años, usados como toca
Este es el material con más rendimiento del mes, y casi todo el mundo lo usa mal: los mira, se dice «esto lo sé» y pasa al siguiente.
Hazlo así, aunque sea incómodo:
- Entero y cronometrado, con la duración real de la prueba.
- A la hora que se examinen, si tu convocatoria empieza por la mañana. Escribir dos horas a mano a las 9:00 no se parece a hacerlo a las 19:00 en el sofá.
- A mano, en folios, no en el portátil. Vas a escribir a mano el día 3.
- Sin apuntes, sin móvil, sin parar. Si te bloqueas, deja el hueco y sigue.
- Corrígete con los criterios de corrección publicados, no con tu opinión. Es la parte que la gente se salta y es donde está la información.
- Cada fallo pasa a una lista de fallos. Esa lista es tu semana 4 entera.
Cuando llevas dos exámenes corregidos con criterios oficiales, dejas de estudiar por sensaciones. Ya no repasas lo que te da miedo: repasas lo que te está costando puntos, que rara vez es lo mismo.
¿Cuántas horas hay que estudiar el último mes?
No hay ningún número investigado, y las cifras que circulan por Twitter en mayo son gente presumiendo, no datos.
Lo útil es ponerte dos números: una jornada objetivo que puedas repetir un jueves cualquiera —cinco o seis horas de estudio real es mucho más de lo que parece— y un suelo de una hora para los días malos, que también van a existir en mayo. El suelo es lo que evita que un día flojo se convierta en tres, que es la única mecánica que mantiene viva una racha.
Y guarda una tarde a la semana. Entera, fuera de casa, sin archivador. Cuatro semanas seguidas sin una sola tarde libre no producen más temario, producen una semana 4 inservible.
Dormir no es el tiempo que sobra
La relación entre el sueño y la consolidación de la memoria está bien apoyada: la revisión de Susanne Diekelmann y Jan Born en Nature Reviews Neuroscience (2010) resume décadas de trabajo apuntando a que el sueño participa activamente en fijar lo aprendido, no solo en descansar. Casi todo es laboratorio y con material sencillo, así que no lo estires hasta prometer décimas; la dirección lleva mucho tiempo siendo la misma.
Lo práctico no necesita el estudio, de todas formas. Cuatro horas de sueño la noche anterior te cuestan más de lo que te dan esas dos horas de repaso. Es un intercambio malo y se hace igual, porque a las 00:40 el repaso se siente productivo y dormir se siente como rendirse.
La última semana, adelanta el horario media hora cada dos días hasta que tu cabeza esté despierta a la hora a la que te vas a examinar. Se hace en cinco días y no cuesta nada.
Y el móvil fuera de la habitación, que en mayo es cuando más caro sale: la mano se mueve antes que la decisión, y a las 23:50 con los nervios de junio se mueve más rápido todavía.
Cuando este plan no sirve
Solo te presentas a las materias que ponderan. Entonces tu mes es otro: dos o tres asignaturas, muchos más exámenes de otros años y ninguna necesidad de repartir entre seis.
Te presentas a subir nota. El cálculo cambia entero. Mira primero cuánto puede subir de verdad tu nota de admisión con las ponderaciones de tu grado, y decide con ese número si el mes merece la pena. A veces sale que no.
Llevas el curso muy mal. Cuatro semanas no arreglan dos años, y fingir lo contrario es cómo se llega al 3 de junio sin haber dormido y sin haber estudiado. Ahí lo honesto es concentrar todo en las asignaturas que ponderan para tu grado, aceptar el resto y contar con la extraordinaria.
La ansiedad te está comiendo el mes. Si llevas dos semanas con el estómago cerrado, sin dormir y llorando los domingos, eso no lo arregla un horario mejor pintado. Habla con alguien: el orientador del instituto, tu médico, tus padres. Es un problema de salud con forma de examen, y se trata como lo que es.
Fomodo puede correr las sesiones, escudar las apps mientras duran y guardar el registro del mes. El límite conviene conocerlo antes de junio: solo cuenta lo que pasa con el móvil encendido y la sesión abierta. Si te vas a la biblioteca con el móvil apagado en la mochila —que muchas veces es exactamente lo que hay que hacer—, esas cuatro horas no existen en el mapa de calor. La app mide lo que ve, y a veces lo mejor del mes ocurre donde no mira.
Un detalle pequeño: las sesiones llevan el nombre de la tarea, así que en junio el historial es una lista de asignaturas con sus horas. Mirar esa lista la noche antes del primer examen hace más contra los nervios que cualquier consejo, porque deja de ser una sensación y pasa a ser un recibo.
Este fin de semana, las tres listas. Y escribe la C entera, aunque duela, porque es la única que te devuelve las noches.